Chulco aprovecha dificultad de informales para un crédito
Chulco aprovecha dificultad de informales para un crédito
Consuelo Espinales era una de las que pugnaba en septiembre pasado por conseguir un crédito del Banco Nacional de Fomento para montar un pequeño negocio en su vivienda, en la calle del cementerio de Samborondón. Era su última esperanza después de pedir tres veces, en vano, un crédito bancario.
Espinales no reúne las condiciones para obtener de un banco el préstamo que necesita. Ella no ha tenido un trabajo fijo antes, vive en la casa de sus suegros y no tiene más ingresos que los $ 35 al mes que recibe del bono solidario.
“Quiero comprar un congelador para poner un puesto de colas y guineos empastados”, cuenta ella con entusiasmo. Así, dice, quiere también liberarse del chulquero que le cobra el 20% de intereses por los $ 50 que le presta cuando tiene alguna urgencia con sus hijos.
“Por $ 50 me cobra $ 10 más”, se queja, pero al mismo tiempo lo justifica porque asegura que no tiene otro modo de conseguir dinero. Además, las facilidades que le ofrecen los prestamistas contrastan con los trámites que debe cumplir en un banco. Los chulqueros la buscan para entregarle el dinero y le cobran en su casa.
El chulco ha crecido en el país y a esta actividad se atribuyen al menos 36 muertes en Guayaquil. También es la causa de 158 intimidaciones o amenazas contra la vida, cuyas denuncias se han presentado en la Fiscalía del Guayas y han sido contabilizadas por la Espol en el periodo de enero a agosto.
El fiscal provincial, Antonio Gagliardo, cree que para detener el avance del chulco no solo deben participar las entidades de justicia sino también las económicas y bancarias.
“Estos problemas están surgiendo precisamente por la falta de créditos, se deben fomentar los créditos con bajo interés, así el ciudadano común no tendría que buscar a los chulqueros, que se aprovechan de la necesidad”, afirma Gagliardo.
Algunos representantes de la banca, que no se atreven a estimar el crecimiento de la usura en el país, creen que los créditos de bajos montos son poco factibles, pues no alcanzan a cubrir los gastos que les demandan a las entidades bancarias.
“El chulco se ha impulsado por la falta de viabilidad de créditos de montos pequeños en los segmentos económicos D y E (con salarios básicos), que representan cerca del 35% de la población y están expuestos a prestamistas informales”, indicó en un comunicado de noviembre pasado una entidad bancaria. En los segmentos D y E se encuentran jornaleros independientes agrupados en esas categorías, según los electrodomésticos y servicios básicos que hay en sus casas.
La situación de informalidad de muchos ciudadanos se contrapone con las exigencias de la banca formal, a la que no tienen acceso quienes como Espinales no cuentan con las garantías que aseguren el pago del préstamo. En Ecuador, el 60% de la población, según el INEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos), no tiene un empleo formal sino que se dedica al comercio en las calles y vive en condiciones precarias.
Para conseguir un préstamo en un banco se requiere presentar un certificado de trabajo que contenga la fecha de ingreso, cargo y sueldo; los tres últimos estados de las cuentas corrientes o de ahorros y de las tarjetas de crédito, además de la copia de la matrícula vehicular si tuviera y el certificado de pago de los impuestos prediales.
A estos requisitos se suma la declaración de los impuestos a la renta del local comercial que él no tiene y dos copias de sus documentos personales: imprescindible la cédula de ciudadanía que tenga menos de doce años de vigencia; si es más antigua, debe renovarla.
“Las principales instituciones financieras del país están enfocadas en los clientes con un previo historial crediticio, esto implica a lo mucho 2 millones de ecuatorianos de los 6,6 millones que constituyen la PEA (Población Económicamente Activa)”, dice el representante de una entidad bancaria al evaluar los trámites para un préstamo.
“¿Quién quiere ser garante de una vendedora de ropa interior en el mercado central?”, se lamentaba Lucía Caiza, una comerciante que lleva más de 15 años recorriendo las calles del centro con la ropa a cuestas.
“Uno intenta, pero le ponen tantas trabas que termina cayendo en las manos del chulquero, ellos le dan la plata inmediatamente y sin ninguna garantía”, dice también Juana Rodríguez, dueña de la peluquería Odette, ubicada en las calles Portete y la 29, del suburbio oeste de Guayaquil.
Primero le prestaron $ 100, pero como pagó cumplidamente las cuotas diarias “porque el negocio rinde” le aumentaron el monto del crédito a $ 200. A Rodríguez la conquistaron los chulqueros por la rapidez con la que entregan el dinero, al punto que ahora ella misma los recomienda a sus clientes.
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